Desde el colegio siempre quise ser médica, un gusto que nació porque de niña por diversas situaciones de salud, ninguna de ellas graves, me llevó a tener mucho contacto con varios médicos quienes me parecían amables y cercanos.

Un gusto por la medicina desde temprana edad

Una vez terminé el colegio,  entre a la universidad donde inicié mi formación como médica general, al llegar a  las prácticas clínicas el contacto con los pacientes me emocionaba, hablar con cada uno de ellos y aprender o escuchar cada una de sus historias, que aparte de enseñarme casos clínicos diferentes me enseñaban a valorar cada situación y cada momento de la vida que,  en ocasiones,  vemos pasar sin la importancia que cada uno de ellos merece, sin embargo poco a poco mientras más sabes y más labores asistenciales vas adquiriendo, se iba perdiendo esa cercanía y ahora sólo importaba lo importante…. Llegar a un posible diagnóstico, confirmarlo y dar un tratamiento para que el paciente regresará a casa con mejoría de su condición.

Mi experiencia personal que me llevó a ser Doula

Al pasar por las diferentes especialidades durante los últimos semestres de la carrera, siempre tuve afinidad por la ginecología y obstetricia, me apasionaban los temas y cada nacimiento que presenciaba me llenaba de un sentimiento de alegría que desde entonces no dejo de admirar, fue así como elegí presentarme a esta especialización, donde logré entrar poco tiempo después de terminar el pregrado.

Amaba cada turno caótico y cada paciente, sin embargo, con los años, la cantidad de pacientes, la academia por encima de lo humano hacía que retornara la sensación de la rutina, de buscar un diagnóstico y dar un manejo, de realizar un ingreso y atender el parto.

Estando en el último año de residente nació mi sobrina, estuve tan cercana a mi hermana durante su gestación como pude, resolviendo cada pregunta y viviendo ese momento de otra manera, desde el lado del familiar de la paciente, con toda la expectativa que genera ello, ahí empecé a amar más este cuento. 

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La emoción de los primeros contactos con los pacientes

Cuando empecé a atender mis propias pacientes y mis propios partos, algún día en un turno, una jefe de enfermería me empezó a hablar de las doulas y de su deseo por formarse en este tema. Yo había escuchado de eso pero nada mas allá de su rol de acompañamiento en el parto, en ese  turno empecé a conocer más sobre ellas y me fue enamorando su trabajo. Le dije, yo también quiero certificarme como doula… teniendo una respuesta de sorpresa y diciéndome “pero doctora usted ya es ginecóloga” y en ese momento pensé, si , soy ginecóloga , pero nunca tuve una clase del acompañamiento a una mujer en su parto desde el enfoque humano, respetado, amoroso y cálido, conociendo el cuerpo como dador de vida y sin ponerle reglas.

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Empecé a leer de cómo el parto se llevó a las clínicas centrando un concepto más hacia la  enfermedad que como un hermoso momento de transición en muchos aspectos biopsicosociales.

Finalmente a pesar de todos los comentarios de sorpresa, me fuí a mis 5 mejores días de formación como ginecóloga, no lo hice para ejercer como doula, lo hice para aprender eso que nunca nos enseñan, para amar más lo natural, para respetar la naturaleza tal cual como nos condiciona, y para aprender a llevar la ciencia con lo humano.